
Matías Casano
Soy periodista y viajero por curiosidad más que por método.
Durante buena parte de mi vida profesional aprendí a mirar lugares, entrevistar personas y descubrir situaciones (también, generarlas) intentando descubrir qué historia había detrás.
El problema es que esa costumbre no se apaga durante las vacaciones.
Por eso puedo estar frente a un paisaje magnífico y terminar interesado en el señor que vende café en la esquina.
Puedo cruzar los Andes y preguntarme qué llevan los otros pasajeros en sus valijas.
O visitar los Museos Vaticanos y recordar, sobre todo, la conversación que tuve después en un bar.
Viajo de esa manera.
Mirando.
Escuchando.
Tomando notas.
Tomando café.
Perdiendo ocasionalmente el transporte correcto.
Y tratando de entender las pequeñas costumbres que convierten un lugar en un lugar.
Este blog nació para guardar esas historias.
No pretende decirte cuáles son los diez lugares que tenés que visitar antes de morir.
De hecho, espero que tengas bastante más tiempo.
Mi intención es mucho más modesta: contarte cómo se siente estar allí.
Qué vas a encontrar acá
Crónicas de viaje
Ciudades, pueblos, trenes, rutas, aeropuertos y lugares donde terminé por voluntad propia o por problemas de transporte.
Personas
Mochileros, baristas, pasajeros, recepcionistas, vecinos, ferroviarios, jubilados, turistas y otros personajes que aparecieron accidentalmente en el reparto.
Costumbres
Las pequeñas reglas invisibles de cada lugar: cómo se pide un café, cómo se espera un colectivo, cómo se conversa en una plaza o cómo veinte desconocidos organizan espontáneamente un picnic a bordo cuando un tren queda detenido.
Desvíos
Historias que probablemente nunca aparecerán entre las principales atracciones de una ciudad.
Precisamente por eso están acá.
Notas de campo
Observaciones breves, fotografías, conversaciones, carteles, objetos y escenas encontradas durante el camino.
Manifiesto del corresponsal equivocado
Creo en los viajes sin obligación de convertirse en experiencias transformadoras.
Creo que uno puede conocer una ciudad entrando en un museo.
Pero también esperando un colectivo.
Creo en caminar sin Google Maps durante algunos minutos razonables.
Creo que los cafés son oficinas consulares informales de la humanidad.
Creo que una buena conversación puede justificar un desvío de tres kilómetros.
Creo que perder un tren es una tragedia durante aproximadamente siete minutos y una anécdota durante veinte años.
Creo que los habitantes de un lugar suelen ser más interesantes que sus monumentos.
Creo que las mejores historias rara vez tienen cartel.
Y creo, fundamentalmente, que viajar consiste en prestar atención.
Sobre la verdad de estas historias
Todo corresponsal tiene sus fuentes.
El mío, además, tiene memoria.
Las crónicas de este blog parten de experiencias, lugares y personas reales, pero están escritas con libertad narrativa.
Eso significa que algunas conversaciones han sido reconstruidas, ciertas situaciones condensadas y algún personaje discretamente inventado para proteger a los inocentes o, simplemente, porque la historia lo necesitaba.
También existe la posibilidad de que determinados acontecimientos hayan crecido con el tiempo.
Soy argentino. Y soy italiano.
Era inevitable.